sábado, 21 de enero de 2017

Escultura hispano-flamenca en el antiguo alfoz de Almaguer: Las Piedades de Corral de Almaguer, Cabezamesada y Villanueva de Alcardete



Introducción


En el presente artículo de investigación, vamos a intentar arrojar algo de luz sobre otro de los enigmas más entrañables de Corral de Almaguer, con la esperanza de que una vez demostrados sus antiquísimos orígenes, sea reconocido y puesto en valor como pieza fundamental de nuestro pasado y protegido de la acción de los seres humanos mediante algún cristal o pantalla transparente. Me estoy refiriendo al desgastado relieve de alabastro que desde hace cinco siglos viene adornando el recinto de la ermita y que de forma ritual todos hemos besado y tocado en más de una ocasión, confiados en que besábamos una imagen de la Virgen con el niño y no una Piedad.

 

Algo lógico por otra parte, si tenemos en cuenta el grado de deterioro que presenta el grupo escultórico, fruto no tanto del abandono de los siglos y las inclemencias del tiempo, como de la acción continuada de los seres humanos.

 

Pero para introducirnos en el tema, debemos resolver antes otros enigmas relacionados con los orígenes y el porqué de la abundante presencia de este culto a la Piedad o “Quinta Angustia” tan Centroeuropeo, en los pueblos de nuestra comarca. 



Orígenes de la iconografía de la Piedad

Piedad de Roettgen (Alemania). Siglo XIV
Aunque pueda parecernos sorprendente, las primeras imágenes de la Piedad no se labraron hasta el siglo XIV y en zonas muy concretas de la antigua Alemania (Valle del Rin). Debemos tener en cuenta que la representación de la Piedad o Quinta Angustia, como era conocida en sus primeras manifestaciones, no aparece recogida de forma expresa en los evangelios, por lo que sus orígenes se relacionan con la literatura piadosa de los conventos medievales femeninos del valle del Rin y especialmente con los escritos del monje minorita Pseudo Buenaventura en sus “meditaciones vitae Christi”, con las “Efusiones” del beato Enrique de Berg, con las “Revelaciones” de Santa Brígida de Suecia, o con el “Planctus Mariae” del cisterciense Ogiero de Locedio. En todos ellos se describe el llanto ante el cuerpo de Cristo muerto sobre las rodillas de su Madre y el indescriptible dolor de ésta ante la visión de su hijo terriblemente torturado y exánime. 

Piedad de Lubiaza (Polonia). Siglo XIV
Descripciones que van a engrandecer sobremanera el drama de la Pasión de Cristo y a suscitar un profundo sentimiento de compasión entre las gentes del pueblo llano, acostumbradas desde siempre a sufrir en propia carne todo tipo de desgracias y vejaciones. Una identificación que será total tras el paso por Europa de la gran epidemia de peste negra de mediados de ese mismo siglo y sus terribles consecuencias para las personas. La imagen de la virgen madre, más humanizada que nunca en el terrible momento de recibir a su hijo muerto, refleja como ninguna la desesperación y el dolor de la realidad insufrible que nos rodea, a la vez que ese profundo sentimiento de desamparo y resignación al que se ven abocados los seres humanos en algún momento de sus vidas.

Esa identificación del pueblo con la representación de la Piedad, va a incidir de forma muy positiva en la rápida expansión de esta iconografía por el resto de Europa (especialmente Francia) y en el profundo arraigo con el que se afianzó entre las distintas clases sociales. En consecuencia, a partir del siglo XV la Piedad o Quinta Angustia se convirtió en una de las imágenes más queridas y veneradas, comenzando a tallarse en retablos, tímpanos y sepulcros de buena parte de las iglesias españolas.

La Piedad desde el punto de vista artístico

Piedad tipo Vesperbild inicios del siglo XIV
Las primeras representaciones de la Piedad, conocidas en Alemania como imágenes de vísperas o “Vesperbilder” en alusión a la víspera del Viernes Santo en que se supone que Cristo fue desclavado, reflejan en su arcaísmo artístico toda la crudeza y dramatismo del terrible momento en el que Cristo es depositado en los brazos de su madre. En estas primitivas tallas, el cuerpo de la Virgen aparece de mayor tamaño que el del hijo, haciendo alusión quizás al tiempo maternal en el que María portaba ese mismo cuerpo infantil en su regazo. Dentro de esta estudiada desproporción, las figuras aparecen dotadas de enorme expresividad y realismo, resaltando con especial crudeza la imagen avejentada de la Virgen por tanto sufrimiento, junto al cuerpo torturado y con frecuencia retorcido de Cristo, en el que se manifiestan con intensidad las terribles huellas de la Pasión.


A partir del siglo XV, la rigidez de esas primeras imágenes va suavizándose poco a poco hasta conformar grupos escultóricos más amables a la contemplación. En estas nuevas esculturas, la Virgen aparece representada con facciones jóvenes y dolor contenido, envuelta en un amplio manto que otorga volumen al conjunto, mientras Cristo aparece con el cuerpo rígido y la cabeza caída hacia atrás, reposando de forma horizontal sobre las rodillas de su madre y con un tamaño más realista y proporcionado. Son las denominadas “Schönen Vesperbilder” o imágenes hermosas, que gozaron de una amplia difusión en Alemania y Francia, extendiéndose después por el resto de países europeos.

Piedades del tipo Schönen Vesperbilder (siglo XV). Las tres de abajo en museos españoles


Virgen de las Angustias de Juan de Juni (Valladolid)
A finales del siglo XV y especialmente durante el XVI, los grupos escultóricos de la Piedad se van enriqueciendo con la incorporación de nuevos personajes, especialmente San Juan y la Magdalena, aunque sin olvidar a las Santas Mujeres, José de Arimatea y Nicodemo. Lo increíble del caso, es que este tipo de representaciones más o menos arcaicas, goticistas y con fuertes influencias germanas o francesas, compartieron fecha con una obra que poco tiene que ver con las anteriores y que se convirtió en una de las esculturas más bellas jamás esculpidas por el hombre: La Piedad de Miguel Angel, en un estilo totalmente innovador que nos mostrará el carácter absolutamente genial de su autor.

Piedad de Gregorio Fernández (Museo de Escultura de Valladolid)
En España y con la notable excepción de las espectaculares esculturas de Juan de Juni correspondientes al último tercio del siglo XVI, no será hasta la entrada del estilo barroco pleno (siglos XVII y XVIII), cuando se tallen las más bellas imágenes de la Piedad, conocidas ahora también como de las Angustias o de la Amargura. Imagineros de la talla de Gregorio Fernández, Juan de Mesa o Luis Salvador Carmona, lograrán elevar esta iconografía al súmmum de la belleza y expresividad.

El siglo XIX, con su corriente neoclásica, dejó también algunos de los más bellos exponentes procesionales, como la Virgen de las Angustias de Huercal-Olvera (obra de Bellver) o la Piedad de Giovanni Dupré del cementerio de la misericordia de Siena (Italia).

Piedad de Giovanni Dupré. Cementerio de la Misericordia (Siena)

Ya en el siglo XX y sin dejar de lado el estilo clasicista de la iconografía, la obra más espectacular es quizás la monumental Piedad realizada por Juan de Ávalos para la basílica del Valle de los Caídos

Piedad de Juan de Ávalos de la Basílica del Valle de los Caídos


La iconografía de la Piedad en la antigua comarca de Almaguer

Ermita de la Piedad de Quintanar de la Orden
Muchos amantes de la historia e incluso muchas personas de mente inquieta preocupadas por conocer el porqué de las cosas, se habrán preguntado en alguna ocasión por la inusual concentración de advocaciones de la Piedad en los pueblos de nuestra comarca. Resulta curioso comprobar que tanto Quintanar de la Orden como Villanueva de Alcardete compartan la misma advocación en sus respectivos patronazgos religiosos, o que en Corral de Almaguer, Cabezamesada, Puebla de Almoradiel o Villa de don Fadrique, por poner algunos ejemplos, se constaten antiguas imágenes o viejas ermitas y humilladeros (algunos desaparecidos) dedicados a esta curiosa iconografía importada de Centroeuropa

El interrogante que surge entonces, es el siguiente: ¿Cómo y cuándo se propagó esta advocación mariana de orígenes tan lejanos, entre los pueblos de nuestra pequeña comarca manchega? 

Dejando a un lado la estudiada y puntual presencia de artistas hispano-flamencos en las villas de Villaescusa de Haro y Belmonte como consecuencia directa de los encargos de sus respectivos mecenas (el Obispo Diego Ramírez de Villaescusa y el Marqués de Villena), la respuesta a nuestra pregunta nos la proporcionan los grandes estudiosos del tema: A través de las ferias

A finales del siglo XIII y comienzos del XIV, y después de la pacificación definitiva de estas tierras tras la batalla de las Navas de Tolosa, un gran movimiento colonizador se extendió por las pequeñas aldeas mozárabes situadas dentro del alfoz de Almaguer (cabeza fronteriza durante la reconquista -junto al alfoz de Mora- de los territorios cristianos de la Orden de Santiago). El propio Almaguer primero, reconvertido en el nuevo Corral de Almaguer; seguido por Magaceda y Chozas que pasarán a formar Villamayor; Alcardet y Gúzquez que se convertirán en Villanueva de Alcardete; el Quintanar, que reagrupó sus casas de campo para formar una población con el mismo nombre; la Puebla de la Isla, que pasará a nombrarse como la Puebla de don Fadrique y Almuradiel, que se refundará con el nombre de Puebla de Almoradiel, se irán emancipando poco a poco hasta convertirse en villas independientes.

Confirmación de las ferias por los Reyes Católicos

Como consecuencia de esa notable pérdida de territorio del alfoz de Almaguer y en un intento por compensar su posible decremento económico, el Maestre de la Orden de Santiago Diego Muñiz solicitó del Rey la concesión de dos ferias al nuevo Corral de Almaguer. Una interesada petición que refrendaría sin objeción alguna el rey Alfonso XI en el año 1314, y en su nombre, dada su minoría de edad, su abuela María de Molina y su tío el Infante don Pedro, tutores del pequeño monarca. Con la concesión de no una, sino dos ferias anuales, se pretendía compensar con creces la pérdida de influencia y el posible deterioro económico de la villa, dado que las ferias suponían una auténtica lotería para la ciudad o pueblo que las ostentase. Sólo la feria de Montiel, concedida en tiempos del rey Alfonso X el sabio, podía competir con las de Corral de Almaguer en los territorios manchegos de la Orden de Santiago.

Y es que debemos tener en cuenta que a estas grandes concentraciones comarcales, en las que se movían ingentes cantidades de dinero y cuyo objetivo principal era la compraventa de ganado y lana, acudían todo tipo de mercaderes y artesanos tanto nacionales como extranjeros, dispuestos a dar salida y beneficiarse de parte de ese dinero. Era un acontecimiento lúdico (feria significa fiesta) donde se podía encontrar absolutamente de todo y para todos los bolsillos. A las ferias acudían personas de todos los pueblos de alrededor y clases sociales, convirtiendo el evento en el gran acontecimiento del año. Era el momento de renovar todo tipo de utensilios domésticos y herramientas de labor, comprar cerámicas de variadas formas y volúmenes, hacerse con miel, vino, aceite y especias para la conservación de los alimentos y elaboración de los embutidos, adquirir hierbas medicinales para todo tipo de dolencias, comprar paños de lana y pana para confeccionar los hatos diarios de la familia y los de los domingos, adquirir algún par de zapatos nuevos, hacerse con objetos de cuero o cordobán, quincalla, platería y bisutería, en fin, comprar y vender todo lo imaginable en aquellos tiempos, pero sobre todo esos objetos que no se encontraban habitualmente en los pueblos. Ni que decir tiene que con tanto movimiento de dinero, las ferias eran también los lugares preferidos por saltimbanquis, cómicos de carreta, sanadores, pícaros y buscavidas en general.

Retablo hispano-flamenco de Villaescusa de Haro
Estas grandes ferias nacionales, cuya celebración sólo podían otorgar los reyes, posibilitaban también la adquisición de otro tipo de objetos menos habituales, considerados como suntuarios o de lujo y que sólo muy pocas personas podían adquirir. Era la ocasión para que las damas adineradas de nuestros municipios pudiesen comprar las ricas telas o los costosos terciopelos, sedas, brocados y encajes de Flandes, Bretaña, Londres o París y conocer la última moda italiana en cuanto a diseño de vestidos, zapatos y tocados. Las ferias proporcionaban asimismo perlas, joyas, sombreros y objetos decorativos de lujo para señoras y caballeros, además de cuadros pictóricos para las casas y bellas esculturas religiosas y otros elementos  decorativos y de devoción (reliquias) que sólo podían permitirse las cofradías, los conventos religiosos o las familias con alto nivel económico. Esa fue la forma habitual por la que llegaron a nuestras iglesias algunas tallas religiosas de importación que, pasado el Concilio de Trento, acabaron convirtiéndose en patronas y patronos de nuestros municipios.

No olvidemos tampoco que a las ferias llegaban maestros escultores, tallistas, e imagineros nacionales e internacionales, dispuestos a demostrar su talento a aquel que lo pudiera pagar. Y cuando el resultado era del agrado de los presentes, no solían faltarle al artista nuevos encargos entre vecinos adinerados de las poblaciones aledañas. Esta fue otra de las formas de difusión de los nuevos estilos artísticos entre los pueblos de la comarca y la causa de que podamos encontrar en nuestras localidades: retablos, enterramientos o esculturas de inspiración flamenca, alemana o francesa.

El relieve de alabastro de la Piedad de Corral de Almaguer

Respecto del relieve de alabastro que justifica este trabajo de investigación, recoger que se trata del único vestigio de la primitiva iglesia de Corral de Almaguer que ha llegado hasta nuestros días. A pesar de su avanzado estado de deterioro, podemos observar que se trata de una placa de alabastro translúcido blanco-rosado de considerable grosor y medidas aproximadas de 50 x 70 cms, en el que aparece tallado un hermoso y antiguo grupo escultórico compuesto por una Piedad o Quinta Angustia (terriblemente desgastada y mutilada) coronada por dos ángeles de mediano tamaño y factura gótica. La Virgen María, como figura principal, aparece vestida con toca y amplios mantos, que descienden de arriba abajo conformando una disposición triangular. Sostiene sobre sus rodillas el cuerpo de su hijo muerto, si bien con dimensiones muy reducidas en comparación con la madre, al estilo de las primeras Vesperbilder alemanas. El cuerpo de Cristo, por su parte, aparece tendido de derecha a izquierda y en forma ligeramente descendente, sujeto por los brazos de la Virgen y con las piernas flexionadas en un ángulo de noventa grados. Presenta el brazo izquierdo recogido sobre el vientre, mientras el derecho –desaparecido- caía por su propio peso sobre los mantos de la Virgen.

A la izquierda relieve actual. A la derecha el mismo relieve con algunas reconstrucciones idealizadas


Centra el grupo escultórico la figura de María, que aparece especialmente resaltada por los dos ángeles que la coronan. A pesar de las graves mutilaciones y el desgaste de siglos que nos impide adivinar ni tan siquiera las facciones de su rostro, el hecho de que la toca que le cubre la cabeza aparezca centrada pero con mayor grosor en su lado izquierdo, nos permite conjeturar que la cara se encontraba ligeramente desviada hacia la derecha y con la mirada posiblemente perdida hacia el frente o ligeramente hacia abajo. El resto del cuerpo aparece ataviado con amplios mantos que descienden formando profundos pliegues geométricos (muy del gusto flamenco) dejando entrever en su parte superior las manos con las que sujeta el cuerpo de su hijo.

Aunque las facciones de la cara de éste último se encuentran también prácticamente borradas, se pueden apreciar aún ligeros detalles de disposición del pelo, barba y corona de espinas, que nos permiten deducir que la cabeza se encontraba orientada hacia arriba y al frente, al igual que el torso, mostrando con toda crudeza las heridas de la Pasión. El conjunto se encuentra rematado en su parte superior por dos ángeles góticos de buena factura y media melena, ataviados con túnicas ceñidas al talle, que sostienen con una mano una gran corona sobre la cabeza de la virgen y con la otra un gran velo o lienzo que enmarcaba la figura de María por detrás. A pesar de que el grado de deterioro nos impide valorar con fiabilidad la calidad de la talla, tanto la disposición geométrica de los pliegues, como la distribución de los personajes y el aspecto de los ángeles, nos hacen pensar en una indudable obra flamenca o hispano-flamenca del último tercio del siglo XV, que en sus orígenes debió estar dorada y policromada.

Origen y evolución del relieve de alabastro de la Piedad

Ejemplo de retablo y sepulcro hispano-flamenco. (Ciudad Real)
En lo que respecta a la procedencia del relieve, debemos reconocer la dificultad de establecer con precisión su ubicación original, dado que la antigua iglesia parroquial de Corral de Almaguer comenzó sus obras de reforma alrededor del año 1492 y las primeras descripciones del interior del templo se corresponden con fechas posteriores. No obstante y dada la rareza de este tipo de relieves de alabastro en Castilla la Mancha, no son muchas las opciones que se nos ofrecen a la hora de averiguar su emplazamiento, pues o bien formaba parte de alguno de los tres retablos que adornaban la iglesia a finales del siglo XV (el retablo principal fue desmontado en 1507 mientras durasen las obras de la nueva capilla mayor); o bien se trataba de una placa decorativa de algún viejo sepulcro nobiliario (en cuyo caso creemos que hubiéramos encontrado alguna referencia posterior); sin descartar que hubiera formado parte de la decoración del tímpano de la primitiva portada de la iglesia parroquial (hipótesis no descartable del todo, aunque pensamos que en ese caso los visitadores de la Orden de Santiago lo habrían recogido en sus escritos); o finalmente que formase parte de la decoración del humilladero de la Piedad, construido en el último tercio del siglo XV por el caballero de la Orden de Santiago Juan Freyre y situado en las eras altas (aunque en este caso los escritos sólo nos hablan de una gran cruz de alabastro y un altar con imágenes de vestir).

La primitiva ermita con el relieve de la Piedad encima de la puerta
Aun reconociendo que todas las opciones son posibles, tanto las características de la placa, como su tamaño y composición estilística, nos inducen a pensar que formaba parte de un retablo o de un sepulcro. Precisamente en la descripción del gran retablo hispano-flamenco que presidía la parroquia (año 1515), se recoge: “…  está en él una imagen de Nuestra Señora de bulto con dos ángeles toda dorada …” El problema es saber si se refiere a ésta o a otra imagen de la Virgen de bulto redondo, dado que no podemos descartar que el relieve de la Piedad (que en los retablos hispano-flamencos solía ocupar la placa inferior de la calle central), hubiera sido sustituido con anterioridad para incorporar en su lugar el sagrario. Moda que se afianzó a partir del Concilio de Trento, pero que en muchos sitios, como Corral de Almaguer, ya se había llevado a cabo antes del año 1500: “… visitaron el sagrario de la dicha iglesia, en el qual fallaron el sacramento en una custodia de madera grande dorada, encajada en el retablo del altar mayor …” 

Sea como fuere, lo cierto es que el relieve de la Piedad emigró de la iglesia a la ermita de la Virgen de la Muela en la primera mitad del siglo XVI y en el año 1555 era descrito de la siguiente manera: “… Tiene (la ermita) las puertas de madera, e un arco de yeso con una imagen de Nuestra Señora de alabastro, e un cobertizo encima de la dicha imagen con seis o siete tirantes… ”. 

El relieve de la Piedad durante el siglo XVI
Sabemos que en este nuevo emplazamiento aguantó durante varias décadas soportando los rigores del clima que tanto afectan a esta variedad de yeso, hasta que, con motivo de la construcción de la nueva ermita a comienzos del siglo XVII y coincidiendo con el traslado de la patrona a su localización actual, el relieve pasó a presidir la vieja capilla de la Virgen de la Muela, reconvertida ahora en sacristía de la nueva edificación. Ahí permaneció durante siglos, ocupando primero el altar, luego un lateral y finalmente la parte superior de la pila de agua bendita. Este último emplazamiento se convertiría precisamente en su principal causa de deterioro, pues entre las gentes del pueblo se generalizó la costumbre de mojarse los dedos en el agua bendita y pasarlos después por el relieve de alabastro antes de santiguarse. Ritual que, al ser el alabastro una variedad de yeso, acabó desgastándolo sobremanera hasta ofrecer el aspecto actual. No se libró tampoco el relieve de la animadversión religiosa de las guerras y tanto la cara de la Virgen como la de los ángeles y otras partes de la talla, resultaron terriblemente afectadas por la acción directa de golpes intencionados.

Otras manifestaciones de la iconografía de la Piedad en Corral de Almaguer

Como sede de las dos importantes ferias de las que hablábamos anteriormente y como segunda población en importancia del priorato de Uclés (después de Ocaña, residencia de los Maestres), Corral de Almaguer se convirtió durante el siglo XV y comienzos del XVI, en el principal foco difusor de las nuevas corrientes artísticas provenientes de Centroeuropa que hacían furor en la España de los Reyes Católicos y que acabarían por extenderse a los pueblos de alrededor. Es por ello que, además del relieve de alabastro que justifica estos escritos, en Corral de Almaguer existieron otras representaciones, tallas y edificaciones relacionadas con la Piedad. 

El Humilladero de la Piedad o Cruz de Juan Freyre. Se trataba de una pequeña ermita-humilladero situada, como solía ser costumbre, a las afueras de la localidad, coincidiendo con el arranque de alguno de los caminos que partían de la población -en este caso el de Villanueva de Alcardete-. Fue erigido alrededor del año 1470 por el caballero de Santiago y comendador ocasional de la villa Juan Freyre, en el estilo gótico flamígero de la época y sus ruinas permanecieron en las eras altas hasta la década de los ochenta del pasado siglo, en que fueron utilizadas para la construcción de unas cercanas viviendas de protección oficial. En su momento sobresalía en su interior una gran cruz de alabastro tallada en el mencionado estilo gótico, con las imágenes de la Virgen y San Juan a los lados.

La Quinta Angustia en el altar de la ermita de San Sebastián. En el año 1515, el altar de la ermita de San Sebastián era descrito de la siguiente manera: “… Tiene una capilla redonda con sus paredes de yeso, maderada e cubierta de madera de pino labrado. Tiene un altar, y en él está colgado un paño pintado de la quinta angustia y la imagen de San Sebastián. Y abaxo en el altar, está una imagen de Nuestra Señora de bulto con una camisa labrada e unas faldillas blancas e otras coloradas. E hay una imagen de San Sebastián de bulto. Está el altar con sus manteles limpios e una palia con una cruz negra e un frontal de lienzo pintado y en las gradas una alhombra vieja…”
Piedad renacentista del retablo de la Capilla de los Collados (Año 1535). Museo parroquial.

El retablo de la Piedad de don Alonso López Carbonero. Entre los años 1520 y 1530, el sacerdote de la localidad Alonso López Carbonero, fraile también de la Orden de Santiago y miembro de una importante familia, mandó tallar el retablo renacentista de la Piedad situado durante siglos entre el altar mayor y la capilla de los Collados. Este retablo era conocido entre la gente del pueblo como el retablo de San Felipe y Santiago, por destacar en él la figura de estos dos apóstoles.
  
La talla de la Piedad del retablo de los Collados. En el año 1535 doña María de Alarcón, mujer de don Gonzalo Collado (muerto en la guerra de las comunidades) mandó erigir en la capilla familiar un bello retablo renacentista dedicado a María Magdalena. Dicho retablo se encontraba coronado en la parte superior por una pequeña talla de la Piedad que, junto a otros relieves y tallas procedentes del retablo, se conservan en el pequeño museo parroquial.

El Frontal de altar de la capilla de los Ayllones. A finales del siglo XVI, la capilla fundada por el comendador Juan de Ayllón incluía entre sus pertenencias: “… Un frontal viejo de tapicería con la quinta angustia, y otro de raso verde con frontalera carmesí y un hábito en medio… "

El cuadro de la Piedad de la ermita de la Virgen de la Muela. Por esas mismas fechas, entre los bienes de la ermita de Ntra. Sra. De la Muela se recogía: “… Un quadro grande en que está Nuestra Señora de la Leche con una cortina de tafetán carmesí y red de hilo, otro más pequeño de un Ecce Homo e otro de Nuestra Señora de la Piedad… “

La Piedad en los pueblos de alrededor de Corral de Almaguer

Si grande fue la aceptación que obtuvo la iconografía de la Piedad en Corral de Almaguer, los pueblos de alrededor no sólo no le fueron a la zaga, sino que incluso lo superaron con creces en cuanto a fervor e identificación de sus gentes con el terrible dolor de la madre ante el cuerpo de su hijo muerto. No es casual que tanto Villanueva de Alcardete como el Quintanar encumbraran esta representación a sus respectivos patronazgos religiosos, o que en prácticamente todas las localidades del entorno se verifiquen antiguas representaciones pictóricas, esculturas, e incluso viejas ermitas alusivas a la Piedad o Quinta Angustia. 

Recreación del enterramiento de Cabezamesada
Por poner algunos ejemplos: A comienzos del siglo XVI se esculpió en la antigua iglesia de Cabezamesada un sepulcro hispano-flamenco de Alabastro de los denominados de arcosolio, coronado en su parte superior por una talla de la Piedad. Dos décadas antes (1494) se constataba en Villanueva de Alcardete la presencia de un altar de la Piedad con su luminaria. En el año 1507 se construye en Quintanar la ermita de la Piedad aprovechando los terrenos que ocupaba la vieja Sinagoga. En Torrelengua, a 5 km. de Pozorrubio, existía en 1511 una tablilla con una Quinta Angustia pintada. En los Hinojosos se encontraba en 1515 una Piedad en la capilla de los Tapia. En Villamayor había una Piedad de pincel donada por Francisco Guerrero según los escritos de 1555. En Mota del Cuervo se constata en el mismo año una Quinta Angustia en el altar mayor. También por esas mismas fechas en Miguel Esteban aparece un retablo de pincel alusivo a la Piedad. En Villa de don Fadrique existió una ermita de la Piedad y en 1555 había en el altar mayor de la parroquia dos imágenes de la Quinta Angustia. En Ocaña existió un hospital de la Piedad también por estas fechas y en Puebla de Almoradiel se verifica la existencia de una talla de la Quinta Angustia en la antigua ermita de Palomarejos.

Como podemos apreciar, la aceptación por el pueblo llano de esta nueva iconografía procedente de Centroeuropa fue espectacular en toda la comarca. Sin embargo, el paso del tiempo, el abandono y la acción de los seres humanos, se encargaron de relegar al olvido, cuando no a la destrucción, la mayoría de las mencionadas obras de arte. Sólo dos bellas y antiguas tallas de la Piedad sobrevivieron a la incuria de los tiempos en las localidades de Cabezamesada y Villanueva de Alcardete y son de las que hablaremos a continuación.

La Piedad de Cabezamesada

Piedad de Cabezamesada
Se trata de uno de los escasos ejemplos del último arte hispano-flamenco en la comarca. Tallada en alabastro blanco, la pequeña Piedad de Cabezamesada formó parte de un antiguo enterramiento nobiliario de los llamados de arcosolio y más concretamente del que contenía los sepulcros del comendador Alonso Ramírez y su esposa Isabel de Garnica (castellanizado de Guernica). Dicho enterramiento se encontraba empotrado en el lado del evangelio de la primitiva iglesia parroquial de Cabezamesada, situada extramuros de la villa. En la visita que la Orden de Santiago realizó en el año 1515, es descrita de la siguiente manera: “… la iglesia está sobre un cerro, a un tiro de ballesta fuera de la villa. Tiene buenas paredes y edificios, e son tres naves bien maderadas de pino e una capilla redonda de buen maderamiento con sus cintas e saetino pintado. E a la mano izquierda, como entran, está un enterramiento del comendador Alonso Ramírez metido en la pared con dos bultos de alabastro, e junto a los dichos bultos está una capilla que es de Pedro de Burgos con su altar e un retablo viejo de pinzel. Y al cabo de la dicha iglesia está una tribuna que agora nuevamente se ha fecho después de la visitación pasada… “. Si tenemos en cuenta que el sepulcro no aparece mencionado en los escritos hasta el año 1515 y durante los años 1506 y 1507 se declaró una terrible epìdemia de peste que diezmó a los habitantes de la comarca, no descartamos que fuera esa la causa del fallecimiento del comendador y su esposa, y el enterramiento se tallase entre esas fechas y el año 1510.

Obedecería pues al último gótico hispano, conocido como flamígero o isabelino, surgido tras la llegada de los maestros alemanes y flamencos a Castilla (Toledo y Burgos) a mediados del siglo XV. Se trata por lo tanto de una obra tardía (comienzos del siglo XVI), llevada a cabo muy probablemente por algún discípulo de la escuela hispano-flamenca de Toledo, aunque dejando entrever los nuevos influjos renacentistas italianos en la gruesa y acolchada indumentaria que cubre la parte superior de la saya de la Virgen y en la ausencia de manto. Tanto en la parte posterior de la cabeza de la Virgen como en la del Cristo, se pueden apreciar aún los restos de las cresterias góticas que adornaban la parte superior del sepulcro nobiliario (macolla) y de la que formaba parte la presente escultura.

Piedad de Cabezamesada con fondo rojo.
En los escritos de la Orden de Santiago correspondientes a la visita del año 1555, se recoge al hablar de la nueva iglesia de Cabezamesada: “… En la capilla del dicho Pedro de Burgos, está un altar de yeso con un retablo con sus imágenes de pincel de Santa Catalina y San Antón. Tiene una reja de madera.

Al lado del evangelio de la dicha capilla está un arco en donde están unos bultos de alabastro del comendador Alonso Ramírez y su mujer doña Isabel de Garnica, difuntos. Tienen encima del arco una imagen de la Piedad… “.

Con el tiempo y el paso de los siglos, el sepulcro fue trasladado por la familia a la vieja ermita del Nuestra Señora del Castillo, donde en 1912 era descrito por el Conde de Cedillo en los siguientes términos: En la antigua ermita de la Virgen del Castillo, hoy cementerio, se encuentra un monumento funerario en marmol blanco.
Ábrese, en lo que resta del ábside de la derruida ermita, una profunda hornacina de arco carpanel con labores en los capitelillos que lo reciben. Resguardados por la hornacina, aparecen los bultos de cuerpo entero y tamaño natural, de un varón y una dama. Él es un caballero santiaguista que trae, birrete, manto, arnés entero, cota de malla y espada. Cúbrese ella con una especie de monjil y amplia vestidura. La urna sepulcral o sarcófago, descansa sobre tres leones. En su frente vense dos escudos nobiliarios sostenidos por sendas parejas de ángeles. En el borde va en letra alemana minúscula, la siguiente inscripción: "aqui yace el onrado caballero A. Ramires, el qual.... (sigue la inscripción ya borrosa o ilegible)..... el estado de conservación de este bello monumento es lamentable.

La Piedad de Villanueva de Alcardete

Antigua foto de la Piedad de Villanueva de Alcardete.
Nos encontramos, sin lugar a dudas, ante un bello ejemplo de las llamadas Shönen Vesperbilder o imágenes dulces de la Piedad importadas de Alemania o Borgoña durante la segunda mitad del siglo XV. Aunque en su momento fueron muchas las tallas de este mismo estilo que adornaron las iglesias parroquiales del Priorato de Uclés, la piedad de Villanueva de Alcardete es hoy por hoy la única Piedad de bulto redondo que ha pervivido en la comarca y una de las pocas (excluida la Piedad del tesorero de la Catedral de Toledo y la del Museo de Santa Cruz), que han llegado hasta nuestros días en Castilla la Mancha.

En la más pura tradición centroeuropea, el grupo escultórico de Villanueva de Alcardete presenta una Virgen joven con rasgos dulces y serenos, que inclina la cabeza hacia adelante y abajo en actitud de abatimiento y sujeta en sus rodillas el cuerpo inerte de su hijo. Las facciones de María, un tanto difuminadas por repintes y restauraciones, manifiestan un dolor contenido ante la muerte de Cristo, cuyo cuerpo, de un tamaño más proporcionado que las primeras imágenes alemanas, aparece rígido y en disposición casi horizontal, con las manos recogidas sobre el vientre y las piernas dobladas en ángulo recto. A pesar de que el escultor pretendía resaltar el “rigor mortis” del cadáver con la rígida disposición de Cristo sobre las rodillas de su madre, las facciones de éste último, un tanto difuminadas también por repintes y barnices, aparecen extrañamente serenas y relajadas, con los signos de la pasión poco pronunciados y ausencia de corona de espinas. Destaca en el grupo escultórico la bella indumentaria de la Virgen, cuyos mantos descienden formando estilizados pliegues que conforman la típica disposición triangular y otorgan volumen al conjunto.

La Piedad de Villanueva de Alcardete en la actualidad
Creemos, vistos los rasgos escultóricos, que se trata de una talla importada de Centroeuropa (Borgoña), si bien con algunos rasgos distintivos que la diferencian de las primeras Schönen Vesperbilder alemanas (Postura recta de la cabeza del cristo, ausencia de signos marcados de la pasión -incluida la falta de corona de espinas-, disposición poco ondulada de los pliegues de la toca y de algunas zonas del manto de la Virgen), que nos inducen a pensar que se trata de una obra tardía y muy probablemente de la segunda mitad del siglo XV. En cualquier caso y dados los altos precios que alcanzaban este tipo de tallas en piedra, es muy probable que fuera adquirida por alguna cofradía o por algún personaje adinerado de la localidad. En este sentido nos consta que la vieja iglesia parroquial contaba ya en 1493 con un altar de la Piedad, dado que los escritos de la Orden de Santiago, al hablar de las posesiones del beneficio curato, recogian: “… otra tierra saliendo de las puertas de la dehesa en pontihuera, que hace diez çelemines. Otra haça de la lámpara de la Piedad de çinco fanegas de çevada, linde Juan Martínez Palomero… “.  Y si existía una lámpara de la Piedad, existía también un altar y probablemente una cofradía gremial que atendía la luminaria y pagaba la cera con la producción obtenida por las cinco fanegas de cebada. Seis años después (1500) esa tierra se vendía para comprar un retablo donde poner de forma más adecuada la talla de la Piedad o Quinta Angustia, cuya luminaria, en razón de la creciente popularidad de la imagen, sería costeada por las limosnas de los vecinos y miembros de la cofradía. Esa creciente popularidad, la llevarían finalmente a convertirse en patrona de la villa una vez pasado el Concilio de Trento.

La iconografía de la Piedad en la actualidad 

Una Piedad más actual: El beso de la muerte
Aunque pueda parecernos sorprendente, la Piedad está más presente que nunca en nuestros días. Y no me refiero a su creciente ausencia en el corazón de los seres humanos (lo del drama de los refugiados y la pasividad de los gobiernos está llegando a límites insoportables de crueldad y deshumanización), sino a su forma iconográfica más pura, es decir: a la imagen de la madre con el hijo muerto en su regazo que en la Europa medieval fue capaz de remover conciencias, y que hoy en día, a base de aparecer diariamente en las televisiones por culpa de las estúpidas e interesadas guerras, no consigue ya provocarnos ni tan siquiera sentimientos de compasión.

Sin embargo, la realidad está ahí, más insistente e insoportable que nunca, para recordarnos la miseria moral del ser humano y su deplorable naturaleza. Vaya esta dedicatoria final para todos aquellos que, de manera egoista y desde el sofa de sus casas, justifican la falta de acogimiento a los refugiados en base a su supuesta pérdida de seguridad y calidad de vida.

He aquí algunas muestras de Piedades actuales de carne y hueso.


























Rufino Rojo García-Lajara. (Enero de 2017)

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(Con mi agradecimiento a Santos Alcolado, párroco de Cabezamesada)


Bibliografía:

AHN. ORDENES MILITARES. Libros de Visitas. Leg. 1.079C. Visita de Cabezamesada de 15 de mayo de 1515. (fol 564) y Leg. 1.086C. Visita de 1555 (fol 407).
AHN. ORDENES MILITARES. Libros de Visitas. Leg. 1067C. Visita de Villanueva de Alcardete de 4 de Marzo de 1493. (fols. 347-352)
CONDE DE CEDILLO. Catálogo Monumental de la Provincia de Toledo. Dip. Provincial I.P.I.E.T. Año 1991.
CUADRADO GUTIÉRREZ, JOSÉ LUIS. Iconografía de la Virgen de la Piedad. Revista Átticus Nº 18 y 19 (Junio y Noviembre de 2012).
DOMUS PUCELAE. Domuspucelae blogspot.com. Theatrum: La Piedad, el dolor de una joven doncella.
GABARDÓN DE LA BANDA, JOSÉ  F. Los grupos escultóricos bajomedievales de la piedad en la Archidiócesis hispalense. Laboratorio de Arte 10 (1997).
GABARDÓN DE LA BANDA, JOSÉ  F. Iconografía medieval en los programas ornamentales de los espacios funerarios. El caso hispalense. Univ. De Sevilla.
MORALES CANO, SONIA. Símbolos, formas y espacios de la escultura gótica funeraria en Castilla la Mancha. UCLM: (2010)
RODRÍGUEZ PEINADO, LAURA: Dolor y lamento por la muerte de Cristo: La Piedad y el Planctus. UCM, Revista Digital de Iconografía Medieval. Vol. VII Nº 13.
RODRÍGUEZ PEINADO, LAURA: Virgen de la Piedad. UCM. Documento 26.310 PDF

1 comentario :

  1. Gracias, una vez mas Rufino, por tan laborioso trabajo y magnifica explicación. Un abrazo. J.Enrique Hernández.

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